Mi hija
ama el cine, y la música, y la literatura, y la parte curiosa de la
vida. A menudo me pregunta: ¿Cuál es tu escritor favorito? ¿Y tu
actor favorito? ¿Y tu cantante favorito? ¿Y tu color favorito?
Por
alguna razón tengo una incapacidad casi absoluta para elegir un
favorito. Tengo la sensación de que si elijo uno, no lo voy a poder
sostener en el tiempo. Que hoy elegiría a Paul Auster, pero antes
podría haber elegido a Hening Mankel, o antes a Raymond Carver, o
antes a Sandor Marai, o mucho antes a Castaneda, o quién sabe a
quién. De adolescente se suponía que me gustaba Cortázar. Un poco
antes me gustaba Ray Bradbury. Si yo eligiera uno como favorito,
tendría que guardarle una fidelidad que no tengo disponible para un
escritor. Tampoco para un actor, un director de cine, un color...
Es un
compromiso que no estoy dispuesta a asumir. Siempre he sido muy
respetuosa con mis compromisos, no puedo andar regalándolos por ahí
a cualquiera. Me tengo que comprometer con mis hijos, con mi marido,
con mi madre, con mis hermanos, ¡con
Dios!
Con eso
tengo más que suficiente.
Sin
embargo, algo en mí parece identificarse mucho con algunas cosas o
con algunas personas. Se identifica con el número siete de manera
ineludible, como si lo hubiera traído tatuado al nacer. Pero yo no
lo elijo a él. Él me eligió a mí.
Se
identifica con el lado izquierdo. Me siento casi atada al lado
izquierdo. El lado izquierdo de la vida, el lado izquierdo de mi
cara, mi ojo izquierdo, las ondas que forma mi pelo del lado
izquierdo, el doble agujero de mi oreja izquierda. La mano izquierda
en el piano, la de la Barcarola en Fa sostenido mayor.
El lado
izquierdo es original, es diferente, está siempre guardando
distancia del lado derecho, tan común, tan obvio, tan institucional
y navideño.
Pero
esto engendra una contradicción, porque dicen que el lado derecho
del cerebro es el que comanda el lado izquierdo de tu cuerpo. No sé
cómo voy a resolver eso... No quisiera tener que elegir entre el
lado izquierdo de mi cuerpo y el lado derecho de mi cerebro. Sería
como elegir entre mis pensamientos y mis movimientos; entre el timón
y las hélices; entre el sitio de vivencia de las peores tormentas y
los más dulces remansos, y la posibilidad de ir y venir, de
encontrar un lugar de pertenencia y permanecer en él.
Y soy
incapaz de hacer eso.
No
puedo elegir un favorito.
Para ver otros textos ir a Página principal.
ResponderEliminarGracias por leer :)
Por error borré la publicación de la semana pasada. La publiqué de nuevo pero perdí los comentarios. Disculpas
ResponderEliminarEstá increíble, felicitaciones
ResponderEliminar