Hace un par de días, una amiga hizo una reflexión muy sensata sobre el festejo del primero de mayo. Muy enojada, ella decía que, tanto el primero de mayo como el día de las mujer o el día de los inocentes son días en los que murió gente, eso es justamente lo que se conmemora, y por lo tanto no hay nada que festejar. Me dejó pensando porque tiene su punto. Y si bien a mí no me enoja que la gente se junte y festeje el primero de mayo, entiendo lo que a ella le molesta, y en parte lo comparto. Sólo en parte, porque lucha dentro de mí con otra postura que tengo desde que mi hijo mayor era niño: que toda excusa para festejar es buena.
Para mí el primero de mayo es más que nada una conmemoración. La historia, a grandes rasgos, cuenta que ese día del año 1886 se inició una huelga organizada por los sindicatos anarquistas de Chicago, para ese entonces la segunda ciudad más importante de Estados Unidos. La huelga era una más entre muchas medidas para exigir la jornada de ocho horas, ya que en ese momento la jornada laboral era de dieciocho horas, “salvo en caso de necesidad”, en los que podía ser más extensa. Cuando llegó al cuarto día, la huelga tuvo un punto de inflexión en la masacre de Haymarket Square. En medio de la manifestación que tuvo lugar en esa plaza de Chicago, alguien tiró una bomba a la policía que intentaba disolverla. Años más tarde, se supo que había sido una provocación de alguien interesado en los disturbios, una excusa para detener a algunos manifestantes. Entre los detenidos había ocho trabajadores, seis de los cuales fueron condenados a muerte en un juicio que mucho después fue declarado ilegítimo. Cinco de ellos fueron ejecutados; el sexto se suicidó antes. Estos hombres pasaron a la historia como los Mártires de Chicago.
Viendo así, muy sucintamente, la historia, me siento bastante identificada con mi amiga. No parece ser un día feliz, como si fuera un cumpleaños o Navidad, cuando festejamos un año más de vida o el nacimiento de alguien que vino a esta tierra a enseñarnos cómo debíamos vivir. En días como el primero de mayo, la palabra feliz no encaja tan claramente. Más que festejar, más bien conmemoramos la lucha de unas personas que, como tantos otros, dieron su vida para que nosotros ahora tengamos algunos derechos fundamentales.
Entonces, si bien no podemos festejar el día de los trabajadores por lo que pasó ese día en particular, sí podemos celebrar el derecho a trabajar un máximo de ocho horas diarias en lugar de dieciocho, y también podemos celebrar el hecho de no haber tenido que entregar nuestras vidas para que otros tuvieran derechos laborales. Es cierto que, seguramente, muchos de nosotros festejamos el primero de mayo sin saber qué estamos festejando, sin saber qué sucedió ese día en realidad. Pero es innegable que es un día de reunión y que está cargado de un espíritu de comunión que los feriados que conmemoran la gesta independentista, por ejemplo, no tienen. También es el día en el que se vende más asado en Uruguay, porque acá un asado es una ocasión para reunirse y eso siempre es motivo para celebrar. Y esto, de alguna manera, le hace justicia al origen del día.
A mí no me gusta mucho que me digan “feliz día de los trabajadores”, ni “feliz día de la mujer”, igual que a mi amiga. Pero hasta que ella lo dijo, yo creía que no me gustaba del mismo modo que no me gusta que me digan “feliz halloween” o “felices pascuas”. No recuerdo que hace unas décadas se dijera felices pascuas, salvo que uno fuera católico practicante. Sin embargo, ahora se dice con la misma banalidad que se dice “feliz San Valentín” o “feliz St Patrick”. Todo es un día de la madre, un día para vender asado, o flores o cerveza. Sin embargo, y a pesar de todo, el primero de mayo se mantiene como un día especial para mucha gente. A pesar de la superficialidad del mundo de hoy, de la sobrerrepresentación de todo al punto de ya no ser nada, este día mantiene un espíritu de reunión para algunos y de lucha para otros. Y mal o bien, casi todos hemos oído hablar de los mártires de Chicago. Porque lo que está destinado a sobrevivir, sobrevive.