La palabra es poderosa y tiene un único sentido vectorial: una vez que salió de la boca, no vuelve hacia atrás, sigue su camino como una flecha. La dirección de la flecha será tan precisa como certero haya sido el lanzamiento, y la flecha terminará clavada en aquello que alcance, quedando ahí hasta que alguien la saque, si puede. Si se clava en una persona, esa misma persona u otra podrá cortarle el astil, como en tantas películas de guerreros que hemos visto en la tele o en el cine. Sin embargo, la flecha ya está clavada. No podemos volver atrás, una vez que salió del arquero, no tiene vuelta. Puede ser que el destinatario se proteja para evitar que se le clave en el cuerpo, pero el acto de disparar la flecha y su trayectoria ya no se pueden revertir. Del mismo modo, las palabras, una vez que salieron de una boca, no desaparecen.
Mi madre me confesó el otro día que mis ensayos la hacían sufrir, porque ella descifra de mis códigos escritos mis pesares, mis angustias, y como es mi madre, se hace cargo de parte de ese padecimiento. Supongo que también la alegran los textos en los que descifra mis emociones positivas, pero eso no me lo dijo, sólo me comentó que se entristecía con mis padecimientos. Ese no es un objetivo en mis escritos, por supuesto, pero no puedo evitar que suceda. Sucede porque la palabra ya fue emitida, y en realidad las palabras son mucho peores que las flechas, porque una flecha impacta en un solo punto, mientras una palabra impacta en cada persona que la reciba. En este caso, como es un ensayo, impactará en cada persona que lo lea, de una manera u otra. Así como la flecha rebota en la piedra, se clava solo superficialmente en un árbol añoso de tronco duro o se hunde dando muerte a un animal o a una persona, igual sucederá con ustedes cuando lean este texto.
Esta condición que tienen las palabras de ser implacables hace que uno no pueda deshacerse de sus efectos nunca. No sirve excusarse en que no lo quisiste decir, que sos un poco bruto, que estabas enojado… Ya está hecho, como dedicarle una mirada pícara acompañada de una sonrisita insinuante a tu marido, o al contrario, dedicarle una mirada fulminante, cargada de enojo. Después tendrás que hacerte cargo de lo que inevitablemente sigue a tu mirada. Será amor u odio. A lo mejor podrás tejer torpes estrategias para intentar desandar el camino recorrido, pero eso no va a anular el hecho de que lo hayamos recorrido en primer lugar. Habrá que hacerse cargo. No hay a quien culpar, no hay ningún lugar fuera de uno para depositar la responsabilidad sobre esa fuerza arrolladora.
En estos tiempos en los que nuestras ideas vagan cada vez más hacia las puntas filosas del entendimiento, y en los que nuestras palabras se amontonan con las de otros que piensan igual que nosotros, se está generando un enorme espacio vacío entre medio de esos extremos crispados. Un espacio donde ya no debaten las personas que piensan distinto: ateos con creyentes, personas de derecha con personas de izquierda, mediadores con extremistas, hinchas de peñarol con hinchas de nacional. Ese lugar está desierto, no tiene tierra fértil que lo sostenga ni seres vivos que lo habiten. Y tampoco tiene palabras que recorran su aire frío y sólido.
No hay nada en esa tierra yerma, apenas zombies caminando errantes en busca de un cerebro, sin saber adónde van ni quiénes son los otros con los que se cruzan en ese territorio desolado y estéril. Y por encima de los zombies, rompiendo el aire en mil pedazos, se ven pasar furiosas las flechas que se tiran los que están a un lado y a otro, millones de flechas que van en una sola dirección pero en sentidos opuestos. En ese ambiente desolador, lo que sucede es que las flechas se chocan entre sí, destrozándose y cayendo al piso donde van formando una capa espesa de pensamientos complementarios a los que nadie accede. Una capa que, con el paso del tiempo, siguiendo las leyes de la física y la geología, terminará enterrada, compactada y convertida en una roca sedimentaria bajo la superficie.
Tal vez un día, cuando los que podamos salir de las puntas afiladas de esta sociedad global logremos llegar hasta ahí y empecemos a buscar fósiles, encontraremos nuestras antiguas palabras, nuestros debates perdidos, nuestras búsquedas de entendimiento enterrados entre las capas de flechas rotas y el polvo. Tal vez ese día, si es que queremos, podremos volver a transitar por el camino del medio. No estaría nada mal.
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ResponderEliminarGracias x leer :)
Gracias por compartir estos textos genia 💟
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