Estábamos en la casa de mis tíos la primera vez que tuve esa sensación, que volvería tantas veces a partir de ese día. Empezó con un malestar de estómago. Mis tíos eran médicos los dos, así que rápidamente me dieron un remedio para los vómitos que solucionó el problema, pero yo escuché que comentaban con mi padre que en realidad lo que me pasaba era que mi abuelo se estaba muriendo. Yo no entendía cómo se relacionaba eso con mi estómago, pero parecía que ellos sí.
Pasaron los días y finalmente pasó lo ineludible, lo que todos sabían que iba a pasar, aunque aquella adolescente de 15 años mantuviera un hilo de duda; o de esperanza. Sería la primera muerte cercana que vivía de forma más o menos consciente. Luego se sucedieron las otras dos, mucho más rápido de lo que estaba preparada para sobrellevar.
Fueron días raros. Para una chica de esa edad, que sobrevive como puede sin entender nada, sin comprender por qué su cuerpo era dominado a veces por una fuerza sobrenatural incontrolable, por qué una horda de demonios la poseían en cada ovulación o en los días previos a la menstruación, aquellos días eran aún más raros.
El malestar digestivo no mejoraba mucho, y se había sumado una enorme dificultad para llenar sus pulmones de aire, diferente a la bronquitis ya conocida. No era que se le cerraran los bronquios, era que el aire entraba hasta un punto, y luego ya no entraba más, aunque hubiera espacio. Así que habló con su madre y le explicó como pudo lo que le pasaba. Era algo totalmente físico, pensó una vez más. Sus tíos y su padre estaban equivocados.
Al día siguiente, su madre la llevó a un local de la calle Arenal Grande al que ella ya la había acompañado alguna vez. Era un lugar maravilloso, con altísimas paredes de madera forradas de cajones con tapas de vidrio, que le recordaba las fotos que aparecían en las revistas viejas que sobrevivían en su casa, como si alguien se hubiera olvidado de tirarlas.
El lugar tenía una mezcla de olor a madera y yuyos; de cosecha secándose en un granero y local de Manzanares. Era un sitio encantador, con un larguísimo mostrador que daba la vuelta acompañando las paredes, detrás del cual caminaban apuradas varias mujeres y un señor mayor con una túnica gris, creo. Uno llegaba y esperaba su turno durante largo rato, hasta que te atendía una de las mujeres. Cuando mi madre le explicó a la señora lo que me pasaba, ella dijo señalando al hombre de túnica: “Ah, eso es con él, va a tener que esperar”. Así que la espera continuó hasta que el señor terminó de atender al que estaba antes.
Yo había ido al médico muchas veces, y al dentista, pero nunca había visto que alguien le prestara tanta atención a la explicación de un síntoma. Después de escuchar atentamente, el señor se fue detrás de las altas paredes de madera para volver al cabo de un buen rato con un papel escrito a mano y una bolsa de pastos secos, pinchudos y con un olor extraño, dándole detalladamente a mi madre las indicaciones de cómo debía tomar aquel brebaje.
Al llegar a casa, mi madre hizo la preparación tal cual se lo había explicado el boticario y me dio a tomar un líquido color ámbar oscuro con un gusto totalmente desconocido. A la mañana siguiente, mis enfermedades habían desaparecido. Evidentemente aquello era mucho más eficaz que los remedios de mis tíos, así que fui directo a buscar el papel que estaba dentro de la bolsa, y leí, de su puño y letra: “Té para la angustia y el cansancio”
Guardé aquel papel durante décadas, y cada vez que los movimientos de la vida hacían volver aquella enfermedad digestivo-respiratoria, iba con él a la botica a repetir la receta.
Un día el señor de túnica no estaba más, pero las mujeres seguían estando y me entregaban la misma bolsita, devolviéndome cada vez la valiosísima nota del Caruncho con una mirada entre sorprendida y emocionada, como si reconocieran ellas también el enorme valor de aquel papelito celeste.
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ResponderEliminarGracias por leer :)
Que persona maravillosa "El Caruncho"
ResponderEliminarTantas veces fui a buscar el mágico te para la angustia y el cansancio...
El Pepo trabajó un tiempo con el y se conecto con "la herboristería"
Muy bueno Gu !